Relatos de liderazgo y humanismo con motivo del Día Internacional de la Enfermería en la OSI Araba

Hoy, 12 de mayo, Día Internacional de la Enfermería, y coincidiendo con el Nursing Now 2020, queremos homenajear el trabajo de las y los profesionales de enfermería que están liderando los cuidados en salud de la población en el actual estado de alarma

Para hacer visible su trabajo, queremos compartir el poder de la narrativa mediante 4 relatos de liderazgo y humanismo que han creado diferentes profesionales de enfermería de la OSI Araba.

La escritura es un medio de liberar nuestras frustraciones, nuestra rabia, miedos y desconsuelos, y también descubrir y reafirmar nuestras fortalezas. Ir más allá del dolor, traspasar la soledad con cooperación, colaboración, cuidado y entrega. Contar que somos capaces de trascender más allá de lo común y lograr lo extraordinario.

Laura OchoaAna RipaBeatriz NoarbeElena Abascal y Óscar Puelles

Pasados los primeros días de caos e incertidumbre, de protocolos que se cambiaban de dos a tres veces al día. El temor que nos suscitaba la atención de pacientes con coronavirus, debido a la sintomatología tan cambiante que presentaban, la cual, nos hacía una y otra vez cuestionarnos su ubicación dentro del servicio. La gravedad misma de los pacientes. Nuestros miedos al propio contagio y al de nuestros familiares más próximos. Superadas estas cuestiones, nos sumergimos en lo importante de la crisis sanitaria; la atención inicial y urgente de nuestros pacientes.

Hubo días muy duros, con mucha carga asistencial, y sobre todo con mucha carga emocional. Nunca antes habíamos acompañado a tantas personas mayores y no tan mayores en el trayecto final de sus vidas. Nunca antes habíamos iniciado tantas sedaciones desde Urgencias. Nunca antes habíamos visto a tantas personas solas. No obstante, a todas ellas, nunca les faltó una mano de recogimiento, una mirada de dulzura o unas palabras de ternura.

Si bien, han sido días intensos, en mi corazón se queda lo mejor de todo, el gran equipo de enfermería que hay en el Servicio de Urgencias del HUA Santiago. La ayuda constante entre unos y otros. La disponibilidad total y absoluta por parte de todo el personal para cubrir turnos de más. Las palabras de ánimo y los gestos de amabilidad. Las miradas de complicidad entre nosotros.

Se nos presupone profesionales de la salud con cualidades como la comunicación, la responsabilidad, la empatía, la capacidad de adaptación y de resolución de problemas. Pero si alguna de estas cualidades debo de ensalzar es la del compañerismo. El compañerismo del equipo de enfermería y del resto del personal que trabaja en el servicio.

Gracias a todos ellos he podido llevar mucho mejor estos días de trabajo intenso y sonreír a mi hijo pequeño cuando todos los días me preguntaba, ¿ama, has luchado hoy contra el coronavirus? Siempre le contestaba; ama ha luchado contra el virus malo pero no sola, siempre con mis compañeros, “Talde lana maitia!”.

Laura Ochoa
Servicio de Urgencias | HUA Santiago

Siempre he pensado que la vida te va poniendo en tu camino nuevo retos y obstáculos que debes asumir y en los que no hay elección para echarse atrás.

Tras más de 25 años de experiencia profesional y tras muchas andaduras que te van poniendo a prueba y te van curtiendo la piel profesionalmente, de pronto un día te tienes que enfrentar a un reto diferente, de gran magnitud y difícil de controlar, haciendo que cambie en un principio tu esquema de cómo cuidar a los que siempre has cuidado, y es entonces cuando tu seguridad se convierte en desconcierto y tu fortaleza en fragilidad.

Y te encuentras con personas que te necesitan más que nunca, porque tienen más miedo que nunca y porque nunca han estado tan solos. Y quieres saber más de ellos, saber de dónde son, cuántos hijos o nietos tienen, y ves en ellos a tu padre, a tu madre… Y sientes su emoción cuando hablan a través de un móvil con su hija, su mujer, su marido; y un pequeño gesto como recortarles la barba o peinarles se convierte para ellos en un poquito más de ganas de seguir hacia adelante.

Y conoces a ese familiar al que le explicas cómo ponerse unos guantes, una bata, una mascarilla, que sabe que sólo tendrá unas escasas horas para estar con el que tanto quiere y que busca en ti un poco de consuelo, de alivio, de alguna explicación que le haga entender el por qué de todo esto y entonces te planteas un nuevo objetivo, volver a ser fuerte por ellos y por tu equipo.

Y los primeros aplausos te emocionan y les pones cara y nombre porque son los de tus compañeros.

Y tras el sufrimiento de ver al que sufre, te sientes afortunado de pertenecer a un equipo que lo ha dado y que lo sigue dando todo, siempre remando en la misma dirección, liderado por dos personas que se han dejado la piel en protegernos y en cuidarnos.

Y de pronto ya no aplaudes, porque te das cuenta que haces lo que siempre has hecho, lo que debes hacer, por lo que has elegido esta profesión hace tantos años, ¡cuidar!…Y porque como suelo decirle a una querida amiga y compañera, las medallas no se cuelgan del cuello, sino del alma.

Ana Ripa
7ª A | HUA Txagorritxu

Con la pandemia mi trabajo cambió de un día para otro en marzo; de repente pasé a coordinar la enfermería del centro de salud en el que trabajo. Desde el principio me abrumó la responsabilidad y la confianza que mis compañeros depositaron en mí, pero a la vez me pareció un gran regalo. Me sentí útil.

He pasado momentos muy chungos que tengo grabados porque me han afectado especialmente: el fallecimiento de una pareja de abuelitos, la propagación del Covid en una de una de las residencias que atendemos, una urgencia social en la que estaba implicado un bebé de 9 meses y otros.

La preocupación por las compañeras contagiadas y la seguridad de los que continuábamos trabajando me ha quitado el sueño.

He llorado leyendo el protocolo de atención de enfermos hospitalizados por coronavirus. He llorado en el coche yendo a trabajar, atendiendo una consulta telefónica cuando una madre me daba las gracias por nuestro trabajo, también en la ducha antes de sentarme a comer con mi familia.

Con parte de la plantilla desplazada o de baja, he visto cómo con el paso del tiempo, la incertidumbre, el desgaste físico, la frustración, la rabia y el miedo nos rompían.

Pero también me he reído, nunca ha faltado un chiste, alguien que me preguntara qué tal estás, el apoyo de la gente, los aplausos… Nos han regalado dulces y plantas, nos han hecho viseras, delantales, mascarillas, etc.

He conocido y trabajado con personas muy interesantes de otros servicios públicos, de ONGs y redes ciudadanas de apoyo, he aprendido muchísimo, y sobre todo he descubierto gente maravillosa entre mis compañeras y compañeros, siempre dispuestos a ayudar.

Nuestro centro lleva una población de 29.000 personas, y además hemos asumido la atención presencial de pacientes con Covid de un tercio de Gasteiz.

Hemos hecho un esfuerzo titánico y sabemos que no acaba aquí, esto es una carrera de fondo.

Mientras escribo esto también me emociono, pero porque me siento orgullosa de mi profesión y del equipo al que pertenezco.

Beatriz Noarbe
Centro de Salud Lakuabizkarra

Llegó sin avisar, nunca imaginado en todos nuestros años de experiencia profesional, instalados en una zona de confort laboral e incluso en ciertas rutinas, si puede haber tales en una tarea como la nuestra, cuya herramienta fundamental es individualizar.

Llegó el Covid-19 arrasándolo todo, descolocándonos a todos, cambiando la sanidad entera, las forma conocidas de relación e impidiendo el acompañamiento tal y como lo conocíamos hasta ahora.

Con el Covid también llegó la propuesta de colaborar en IMQ Igurco Araba y con ella un montón de sentimientos, sensaciones y emociones. Sin dudarlo un segundo porque el deseo de ser útiles imperaba, pero con el nerviosismo, miedo e inseguridad que toda situación nueva provoca, emprendimos esta tarea.

Vivimos como amenaza, luego se convirtió en oportunidad, iniciar la labor en el equipo de enfermería con personas nuevas y muy diferentes, con sistemas de trabajo nuevos y diferentes, que nos obligaron a maneras de organizar nuevas y diferentes, pero siempre estuvieron presentes la capacidad de cada uno de los profesionales y las ganas de hacerlo bien.

Una vez que se inició la actividad asistencial, la primera impresión nos marcó profundamente: ¡Todos los pacientes se parecían entre sí! Les igualaba la soledad, la confusión, la carencia de estímulos afectivos y la falta de los exquisitos cuidados que sólo los seres queridos pueden dar. Se notaban también las enormes dificultades del propio sistema sanitario para atender semejante avalancha y que provocaban la ausencia del “cuidar con cuidado” que acompaña habitualmente a la atención enfermera.

Ello hizo que, sin descuidar el resto de las tareas, todo el equipo nos volcásemos en devolver la dignidad al aspecto de cada una de las personas enfermas, poniendo especial interés en el aseo, el peinado, el afeitado…, intentando fomentar la recuperación de la funcionalidad perdida y, sobre todo, intentando transmitir todo el respeto y el cariño que los EPIs y las pantallas nos permitían.

Fue fundamental devolverles la compañía: favorecer las visitas, poniéndonos en contacto con las familias (laborioso y a la vez reconfortante trabajo que permitió el reencuentro y en ocasiones, la despedida).

Hoy pueden ser varias las sensaciones que tenemos de esos días, pero nos quedamos con una, la del alta de muchos de aquellos pacientes cuando salían de la clínica, entre aplausos compartidos, sentidos y merecidos.

Elena Abascal y Óscar Puelles
Equipo de Cuidados Paliativos en centro sociosanitario IMQ Igurco Araba